Recibimos y Publicamos: Colectivo de mujeres y la asamblea de mujeres

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¿Para qué? … si ya están todas embarazadas!.” (Profe de biología a estudiantes de 2º año).

Desde el colectivo de mujeres y la asamblea de mujeres no nos encontramos ajenas a la problemática que ha suscitado a partir de la difusión de un audio de wsp sobre lo expresado por una docente en relación a la problemática del aborto, por eso dejamos expresada nuestra posición en este comunicado.

A partir de la Ley 26.150/2008, que crea el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, se impulsa la enseñanza de la ESI en todos los establecimientos educativos del país, de todos los niveles y modalidades. La Ley, además de introducir esta obligatoriedad, lo que constituye de por sí un importante avance, establece lo que entenderá como ESI, en el artículo 1: “la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos”. Esta visión constituye un avance respecto a otros enfoques, hegemónicos hasta el momento, sobre educación sexual. Nos referimos a los modelos biologicistas, biomédicos y/o moralizantes, que parcializan y reducen la sexualidad y tienden a reforzar las relaciones de poder hegemónicas.

En las asambleas por el derecho a la ESI que se han realizado durante el año 2018, estudiantes de todas las escuelas del distrito han señalado que ponen de manifiesto situaciones de acoso por parte de docentes y compañeros y que las autoridades jamás han tomado cartas en el asunto. Para avanzar en este sentido, exigen que haya más espacios de ESI y, en muchísimos casos, se encuentran con la negativa de los adultos: “esta clase es de matemática, no se biología”, “tendríamos que hablarlo con la dirección”, “de eso en mi clase no se va a hablar”, “ESI, ¿para qué? Si ya están todas embarazadas…” estos son sólo algunos testimonios de una realidad recurrente en el cotidiano de nuestras escuelas. En la misma línea, estudiantes han manifestado situaciones en las que se ven sometidos a “clases de religión” por docentes que “olvidan” que la educación pública es laica y que lo que decidan creer en términos religiosos es algo que debe quedar relegado a su vida privada, asimismo manifestaron situaciones de persecución por parte de docentes que los y las hostigan por llevar pañuelos verdes en sus mochilas y que en más de una ocasión se les han plantado cosas como “ofrecen resistencia a escuchar argumentos religiosos porque el feminismo les lavó la cabeza” e, incluso que “están cooptados por el diablo”.
Se han realizado actas por acoso, se han realizado actas por violar la laicidad de la escuela pública, violentando la libertad de culto de la población de estudiantes basándose en la ideología evangélica y nada de ello ha reportado la misma indignación que de hecho de que una docente muestre libremente cuál es su posición respecto del aborto. Nada de eso hasta ahora ha generado un “escándalo”, a pesar de ser acciones contrarias a todo el marco legal de protección de la infancia y la adolescencia.
Los estudiantes de la escuela secundaria vienen sosteniendo firmemente la necesidad de abordar la problemática del aborto/interrupción del embarazo en las escuelas de todo el país y, la comunidad educativa no puede verse ajena a este planteo. La escuela tiene la responsabilidad de brindar toda la información que los pibes y las pibas requieran, revalorizando el derecho fundamental de los niños, niñas y adolescentes a recibir ESI durante toda la escolaridad y el Estado debe garantizarlo.

Los docentes debemos ubicarnos en el lugar de moderadores de la opinión pública, ofreciendo oportunidades para cuestionar, afirmar las convicciones que cada cual tiene y desarrollar argumentos sólidos, abordando las diferentes posturas: la moral/religiosa, la científica, la social, la jurídica/normativa y la política, promoviendo una discusión acerca de con cuál/cuáles adhieren. Pero, además de eso, si los pibes y las pibas solicitan saber la posición particular de los docentes, también debemos darla, como parte de la honestidad intelectual, lo cual no implica que sea una obligación plantear nuestra postura frente a las diversas problemáticas sociales.
Sostener que la escuela es un espacio de neutralidad no sólo es una mentira, sino que además es una idea que esconde la intención de garantizar el status quo u orden de las cosas. Cada docente, en su proceso formativo, por sus propias experiencias, por los espacios donde se mueven, va preformando una idea sobre el mundo, del mismo modo que lo hacen los pibes y las pibas a partir de sus propios recorridos familiares y sociales.
A los pibes y las pibas les preocupa, les interesa saber y les genera curiosidad hurgar sobre los posicionamientos del mundo adulto frente al aborto, como así también frente a diversos temas, porque los adultos nos constituimos en referencia y, si existe la posibilidad de que una docente plantee una postura desde un lugar absolutamente descontracturado es porque previamente se ha generado un vínculo de confianza. Se debe hablar porque los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a saber de qué se habla en la sociedad cuando se habla de despenalización y legalización del aborto, desde una perspectiva política, pedagógica y didáctica, aparándonos en la normativa vigente y sin temor a ser sancionados.
Ahora bien, el hecho de que una docente haya sido grabada y que eso genere un “escándalo” para ciertos sectores, es una muestra también de que son precisamente esos sectores los que están a la cacería del “comentario desafortunado” para poder sumarlo a su campaña de avasallamiento de los derechos adquiridos en materia sexual y reproductiva. Esos mismo sectores que se oponen a la despenalización del aborto son los que durante 2018 planteaban “aborto no, ESI si” y hoy demuestran que sólo era una estrategia discursiva para frenar la ley discutida en el congreso. Esos mismos sectores son los que, en contra de toda la normativa vigente, ingresan a las escuelas públicas amedrentando a docentes y estudiantes en pos de garantizar que no avance la supuesta “ideología de género”, pero que esconden tras su discurso una lógica conservadora, contraria a todo paradigma de derechos humanos y violatoria de los derechos de los niños, niñas y adolescentes a recibir una educación de calidad, atravesada por una lógica de igualdad, respeto, valoración de la afectividad, a través de la cual puedan reconocer y expresar sus propios deseos y motivaciones y comprender la importancia de respetar la diversidad y disidencia para garantizar los derechos individuales y colectivos y también (y fundamental) que puedan cuidar y respetar su integridad y la ajena, previniendo situaciones de abuso.
No podemos seguir “haciendo de cuenta que nada pasa” cuando observamos la embestida de derechos por parte de estos sectores que creen que es “una barbaridad” poner de manifiesto situaciones de abuso por parte de representantes de la iglesia, cuando todos bien sabemos que es una verdad rotunda y, en nuestro pueblo durante años hubo un cura párroco que abusó de al menos dos generaciones, lo cual no implica que todos los curas sean abusadores, pero sí que hay una institución que mira para otro lado cuando eso sucede, garantizando así la impunidad. Esos mismos sectores que dicen defender la vida son a los que no se les mueve un solo pelo cuando las estudiantes denuncian el acoso por parte de docentes y que pretenden que las pibas que fueron violadas continúen con gestaciones fruto de esa situación, contrariando todo el marco legal vigente. Las niñas deben ser niñas, no madres.
Nada de todo esto implica que se promueva el aborto como primera opción e, incluso siquiera se promueve el aborto. Por eso desde hace muchos años desde diversos colectivos venimos defendiendo la consigna “Educación sexual integral para decidir, anticonceptivos para no aborta y aborto legal para no morir”, porque estamos totalmente convencidos de que es el estado es quien debe garantizar una educación laica, gratuita y de calidad, proclive a la prevención de situaciones no deseadas y respetuosa de los derechos, como así también debe garantizar el acceso a buena información sobre cuidado y métodos de cuidado y, como modo de hacer real el ejercicio del derecho a la salud comprendido desde una perspectiva amplia y abarcativa de las dimensiones social, psíquica, cultural y económica.
Comprendemos que muchos y muchas docentes hoy se encuentran ajenos a la problemática de la ESI, al mismo tiempo que el recorte al programa nacional de formación continua viene siendo subejecutado y recortado en los últimos años y que el eje temático ESI es uno de los que más consecuencias a sufrido en función de la falta de presupuesto. Por eso sostenemos que es de vital importancia generar espacios de discusión y debate con los y las estudiantes, porque lo están exigiendo; porque la ESI no es simplemente un “contenido escolar” (eje transversal de la educación), sino porque es un debate socio-histórico y cultural que debemos dar en pos de avanzar en una perspectiva relacional más justa, más sana y más igualitaria, que resulte superadora de todas las formas de violencia y opresión.
Por todo lo antes mencionado, desde este colectivo repudiamos absolutamente la persecución a docentes llevada adelante por parte de estos grupos homofóbicos y avasalladores de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Del mismo modo repudiamos la utilización de sus hijos como parte de su estrategia de persecución, ya que esta acción violenta los derechos de la infancia, como así también repudiamos la postura persecutoria de un puñado de docentes que amedrentan a compañeros y compañeras trabajadores de la educación en su intento de garantizar el derecho a la ESI. En la misma línea, repudiamos absolutamente la indignación selectiva por parte de una porción de la sociedad que se “horroriza” por el vocabulario de una docente pero no se horroriza por los abusos y violencias perpetrados a los niños, niñas y adolescentes que son víctimas de quienes perpetúan este orden de las cosas y así garantizan la impunidad. Y, para finalizar, repudiamos a todo el mundo adulto que desoye, minimiza y descalifica el reclamo de los pibes a las pibas de que se respete su derecho a la ESI, sus denuncias por acosos y abusos y que ponen en tela de juicio el valor de verdad de lo que están planteando.


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