Se espera como siempre en este día tan especial muchos devotos al Doctor del agua fría como lo llamaban
Pancho Sierra fue un personaje de la tradición oral y literaria argentina. Sexto hijo del primer matrimonio del español Francisco Sierra con Raimunda Ulloa. De ese matrimonio nacieron seis hijos: Enrique, Adolfo, Justo, Toribia, Carlota y Pancho. Al fallecer doña Raimunda Ulloa, Francisco contrajo nuevas nupcias con Raimunda Báez y entre ambos tuvieron otros seis hijos: Pedro, Severo, Estaquillo, Raimundo, Pastora y Serapia.
Pancho Sierra nació en la estancia San Francisco, de su padre. Cursó la escuela primaria en Salto, para luego ir a la ciudad de Buenos Aires a seguir sus estudios en el colegio de Rufino Sánchez y así inicia su adolescencia entre Salto y la Capital Federal. Terminó el secundario e ingresó en la Facultad de Medicina.
En esa época se enamoró de su prima hermana Nemesia Sierra; sus respectivos padres interrumpieron el romance. Pancho abandonó sus estudios en Buenos Aires y se aísla en la estancia San Francisco de la familia Sierra Ulloa, en Rancagua (Partido de Pergamino); en esa desaparición social ocurrió un cambio que sorprendería a todos, retornó reflexivo, abstraído, interesado en los males de los semejantes.
Después de estar en Rojas, se instaló definitivamente en la estancia «El Porvenir» en Carabelas (Buenos Aires), asumiendo el papel de confesor, hombre de fe y médico.
Surgió la fama acerca de sus dotes sobrenaturales, multiplicándose más allá de los límites del país. Lugar de peregrinos, la estancia era frecuentada por personas de todas las clases sociales.
En 1890, Pancho Sierra se casó con Leonor Fernández, de 16 años, sobrina segunda, en la iglesia «San Francisco de Asís» de Rojas.
Murió al año siguiente -año muy caluroso, con polvaredas que afectaban el tránsito y arrinconaban a los animales junto a los alambrados de los campos, asfixiándolos en muchos casos-, a las 19:10 del 4 de diciembre de 1891. Un mes antes del deceso predicho por él mismo, dio finalizada la misión que se había impuesto. No pudo conocer a su única hija, Laura Pía, nacida siete meses más tarde.
Sus exequias fueron destacadas, en esos años, por la cantidad de personas que acompañaron al féretro hasta el Cementerio del Salto y por el grupo de ciudadanos de renombre nacional que pronunciaron emotivas palabras.

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